viernes, 15 de julio de 2011

El sector marítimo baraja imponer la etiqueta energética en la construcción de buques

El marítimo es el medio de transporte que menos emisiones de dióxido de carbono genera respecto a la aviación comercial o el transporte por carretera. Pero la legislación mundial es cada vez más restrictiva con todo lo que huele a CO2.

El Comité de Protección del Medio Ambiente de la Organización Marítima Internacional (OMI), se ha reunido esta semana en Londres para estudiar medidas que reduzcan el impacto del transporte de buques mercantes en la atmósfera.

El mar sigue siendo el principal medio de transporte de mercancías del mundo, por donde actualmente transitan 80.000 buques mercantes, y otros 15.000 están en la cartera de pedidos.

Más del 90% de las mercancías mundiales viajan a su destino por mar. La lucha contra el cambio climático y el encarecimiento del precio del crudo en los tres últimos años han empujado al sector a adelantarse a la normativa, invirtiendo en tecnología para reducir el consumo de combustible, principal fuente de emisión  de gases de efecto invernadero.

Pero la OMI juzga que no es suficiente, y esta semana dará a conocer su resolución sobre las medidas que el transporte marítimo deberá adoptar en los dos próximos años para reducir aún más sus emisiones, que hoy representan el 2,4% de las emisiones mundiales.

Desde el sector en España se juzga muy probable que la OMI imponga una etiqueta energética (como la que exhiben los electrodomésticos) para el diseño de buques nuevos, “cuyo consumo de combustible no deberá exceder un determinado porcentaje”, explica Manuel Carlier, director general de Anave, la Asociación de Navieros Españoles.

En este sentido, se analizarán medidas como el rediseño de las hélices, “que resulta trascendente en la reducción de emisiones, porque el consumo de combustible puede reducirse hasta un 20%”, añade Carlier.

Más allá de la reunión de esta semana, la OMI baraja la creación de una ecotasa para buques mercantes, por la que cada barco tendría un recargo por cada tonelada de consumo. Los ingresos de ese impuesto se destinarían a la reducción de emisiones del transporte marítimo.

La inclusión de este sector en el comercio mundial de emisiones queda por ahora descartado, “sería además un suicidio”, estima Carlier, “porque es un sector con un carácter extremadamente global en cuanto a las normas que lo rigen”, añade.

Fuente: Noticias.lainformacion.com

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